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UNA NUEVA VIDA PARA LAS EMPRESAS DE LA ERA COVID-19

La pandemia ha obligado a muchas pymes a redirigir sus negocios para sobrevivir.

El golpe llegó en marzo y a las puertas de final de año aún se siente. El virus no deja de trastocar la vida empresarial y el consumo. Con los negocios a la baja, para muchos no ha habido más remedio que buscar planes B. Desde abandonar la línea principal de trabajo y producir material sanitario a dar un giro y cambiar la forma de hacer llegar el producto a los clientes.

No es la panacea. Reinventarse en muchos casos no es suficiente. Se ha visto con la restauración y la comida para llevar, que solo sirve para recortar pérdidas. “Aún queda un largo recorrido. La tercera ola puede ser peor. Hay una tendencia a empeorar”, advierte Antoni Cañete, secretario general de Pimec, que pide no bajar la guardia. Desde la patronal critican la respuesta a la pandemia. La gran apuesta del Estado ha pasado por los créditos ICO. Pero son un arma de doble filo. “Agranda los pasivos, las empresas tendrán que hacer frente a una deuda mayor y pueden salir más débiles que al entrar en la crisis”, alerta. Lo ideal serían transferencias directas, ayudas a fondo perdido, como en Alemania y otros países europeos, considera.

Sobre la mesa está la desaparición de entre el 20% y el 30% del tejido empresarial. “Por muy viables que sean, sin ingresos hasta las que eran fuertes acabarán cerrando”. Por eso también se pide suspender el pago de tributos. “No puedes cerrar comercios, mermar la actividad y mantener las obligaciones…”, sigue Cañete. “Se necesita una política de no destrucción. Cuidar y salvar a los que al final pagan los impuestos”. Es un efecto dominó: sin empresas no hay recaudación, sin recaudación no hay fondos, y sin fondos no hay sanidad o lo que se busque.

Por ahora, toca reinvención. Si la demanda no llega, ir a buscarla. Aquí se recogen algunos de estos casos. Muestras de un mix de ingenio, rápida capacidad de adaptación y nuevas fuentes de ingreso ya definitivas. Hasta que la situación no vuelva a la normalidad, no antes del 2022 según las previsiones, toca remar.

Dedicados a la fabricación y estampado de productos promocionales, el parón de la actividad y el confinamiento condenaba a Arpe al dique seco. Sus fundas, toallas o bayetas personalizadas con nombres de empresa perdían sentido si no había a quién dárselas.

Se oteó el mercado en busca de alternativas. “Vimos escasez total de productos de protección”, explica Montse Pera, directora creativa y copropietaria junto a su hermano Joan. Sin dudarlo, se volcaron en las mascarillas. “Teníamos todas las herramientas para empezar. Pero no se trataba de hacer un tapabocas, sino un producto con todas las garantías, bien hecho”. Estudiaron patrones y materiales y en el primer fin de semana del confinamiento dieron con la clave: combinar tres tejidos propios que ofrecieron un resultado “muy bueno”, con respirabilidad y filtración antibacteriana. Otra reinvención para una empresa surgida en 1965 como fabricante de tejidos de punto.

La apuesta fue un éxito. Solo cerraron cuatro días tras el estado de alarma, mientras esperaban los resultados para la homologación de su modelo. Y desde entonces no ha bajado el ritmo. Primero se optó por cubrir las necesidades médicas, con 200.000 mascarillas blancas para el sector. “Al empezar a producir vimos que el diseño, el patrón y la forma tuvieran nuestro ADN para que se pudieran personalizar”, explica Pera. Así, luego vinieron otras 300.000 reutilizables y personalizables, fabricadas con hilo reciclado. El boca a boca, valga la ironía, fue esencial. “No dábamos abasto, incluso teníamos lista de espera”.

También han fabricado y vendido a terceros material para producir 600.000 mascarillas. “Y nuestros productos estrella, gamuzas y toallas de microfibra, se han seguido vendiendo… ¡Incluso para promocionar cruceros!”, dice con sorpresa. Todo, desde el tejido, diseño y estampado, se hace en sus instalaciones de Arenys de Munt. “Siempre hemos dudado de si fabricar aquí era rentable…”, reconoce Pera. Este año no hay duda: el virus permitirá dar un salto desde los 1,7 millones que preveían facturar este año a 2,2 millones.

En el camino ha contratado a ocho personas, hasta llegar a 29 empleados. Además da trabajo a dos talleres y dos empresas externas. “Hemos ayudado a mucha gente”. En todo caso, llama a reflexionar. Con un primer momento de falta de mascarillas e importación a contra reloj, “la Covid visibilizó la falta de industria”, señala.

La locura por la higiene, limpieza y desinfección marcó el cambio de rumbo de Ilerda Serveis. Desde el corazón de Lleida, ha sumado a su tradicional distribución de productos de limpieza profesional –en la que lleva tres décadas– todo lo necesario para combatir la pandemia. Geles, guantes, mascarillas, desinfectantes de superficies, EPI… Los más buscados al irrumpir el virus.

Han servido para cubrir el bache de los clientes de siempre. “El día uno de la crisis sanitaria cerraron hostelería, centros educativos o gimnasios. El 40% de nuestro negocio”, expone Marc Cerón, consejero delegado y segunda generación en la firma, que vende en Lleida, Tarragona y Huesca. No se desanimó y se movió rápido para convertir Ilerda en “una empresa esencial en productos Covid”. “La cultura de la limpieza, desinfección y prevención crecerá. Ha venido para quedarse”, cree.

Durante la pandemia ha ganado 1.000 clientes nuevos, a los que llama “clientes Covid” porque solo compran este tipo de productos. Son oficinas, despachos de abogados, constructoras o centros de estética, en este caso por las obligaciones sanitarias. Si llega un punto en que dejen de comprar por remitir el virus, Cerón confía en que los clientes más tradicionales, véase educación o restauración, recuperarán su peso. El año se cerrará repitiendo los 5,2 millones facturados en el 2019 o con una leve alza, porque no se contará con el tirón de ventas de fin de año por las cenas de Navidad o la temporada de esquí.

Pese a todo ha aguantado. Incluso la plantilla ha crecido hasta las 27 personas en plena crisis al incorporar un perfil para marketing y digitalización. Sobrevivir a la crisis dará impulso a la internacionalización con la entrada en Andorra. Con un plan rehecho en la pandemia pensando a medio y largo plazo, la empresa quiere ser “verde, digital y global” para el 2023, momento en que espera llegar a los 7 millones de euros en ingresos. “Para salir de la crisis no hay que pensar a corto plazo. Eso es improvisación”, aconseja.

Luces largas: la normalidad sigue lejos. El sector y la demanda son un buen termómetro. Cerón espera que el negocio toque fondo en el cuarto trimestre del 2021 para empezar a crecer y normalizarse en el inicio del 2022, pendientes de la vacuna. Mientras, con un crédito con aval estatal para cubrir posibles impagos, Cerón critica que han faltado medidas más contundentes de apoyo a las empresas, como “rebajas de impuestos directos”.

 

Noviembre-diciembre 2020

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