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SEGURIDAD PRIVADA POS-COVID GLOBAL

Por José Antonio Carbonell Buzzian

A nivel mundial los índices de delincuencia son altos y si a esto le sumamos el escenario de la pandemia donde el control de movimientos de personas es a día de hoy impensable, vemos a la seguridad y a la  sanidad bastante mermadas y con poca capacidad de respuesta por parte de las administraciones a nivel mundial para poder controlar este tsunami que acaba de empezar y que tendremos que ir acostumbrándonos a él.

Debido a este fenómeno delincuencial  y pandémico que estamos viviendo, hace que los países tengan que revisar las herramientas disponibles para poder hacerle frente en los ámbitos policial, judicial y político en aras de una colaboración internacional, todo ello en un momento donde los recursos materiales y humanos de la función pública escasean, por eso es necesario contar con los máximos actores posibles marcando una línea de acción donde el cambio de prisma recaiga sobre la seguridad privada, en mutua colaboración con las fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Históricamente hay una evolución donde cada día se consagra más la seguridad privada como un gremio cada vez más profesionalizado, esta evolución hace que sea posible un modelo futurible de seguridad donde confluyan los dos sectores, el público y el privado con un solo objetivo, romper las creencias sobre la utilización, partidarias con conceptos de desprestigio a este sector de la seguridad privada. La gravedad de los riesgos y amenazas que sufren los ciudadanos a nivel mundial obliga a interactuar a la seguridad pública y privada obviando las diferencias y sumar esfuerzos, superando obstáculos a la hora de compartir información donde exista una confianza mutua.

Es necesaria más complementariedad y colaboración frente a riesgos como la ciberamenaza, la vulnerabilidad energética, los flujos migratorios que en cierta manera ya están controlados por personal de empresas de seguridad privada. Por ello el futuro inmediato de este colectivo pasa por tener una alta cualificación y especialización constante en tecnologías que les pueda aportar mayor profesionalidad. Para combatir los riesgos y lograr estos objetivos es necesario un mayor aumento de recursos técnicos y formativos, por ello no voy a parar de reiterar en la necesidad de que salga el nuevo Reglamento de Seguridad Privada que, hará de este sector una herramienta necesaria para poder desarrollar su profesión con mayor eficacia sus funciones. En cuanto a los Estados miembros, debe aprovechar estas herramientas y garantizar la mayor seguridad posible, construyendo sociedades seguras que puedan desarrollarse con normalidad.

Para que todo esto pueda suceder debe haber una búsqueda continua de elementos de colaboración entre lo público y lo privado, con el único fin de prestar unos índices de seguridad razonables, en un contexto novedoso de criminalidad y procesos terroristas que se encargan de fragmentar la percepción de la seguridad de la sociedad.

 

 

Noviembre-diciembre 2020

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