En la pospandemia surgirán más fronteras, pero, a su vez, solo la cooperación internacional permitirá enfrentar los grandes desafíos del futuro. ¿Cómo resolver esa paradoja?

La pandemia va a dejar una situación extraordinariamente tensa. Por un lado, muchas sociedades arraigarán más la idea de proteger sus economías con el fin de garantizar la salubridad y el bienestar social. Pero también será necesaria una mayor cooperación multilateral para resolver temas planetarios como las enfermedades y el cambio climático.

La tensión ya está aflorando. En Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson anunció que dejaba por fuera de competencia en la carrera por las comunicaciones 5G a Huawei y denunciaba que Rusia había intentado hackear la información sobre la nueva vacuna. De otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió sobre la importancia de la cooperación internacional, no solo para desarrollar una vacuna contra el coronavirus actual, sino para que los más pobres del mundo logren acceder al medicamento. Mientras tanto, Japón y Alemania prometieron profundizar la cooperación en la búsqueda del antídoto.

Esa será la tensión natural que dejará la pandemia en la agenda internacional y la paradoja que tendrán que resolver los gobiernos y los pueblos: desglobalización (cierre de fronteras) o neoglobalización (un proceso más fundado en la cooperación y con foco en los problemas globales más urgentes).El problema del cierre de fronteras para el comercio no es nuevo. Desde antes de aparecer en escena la covid-19, Estados Unidos había empezado una guerra arancelaria contra China con el fin de imponer condiciones en un nuevo marco de relaciones comerciales. A eso se sumó la Guerra Fría por las tecnologías 5G y el mensaje antiglobalizador del Brexit.

Cuando termine la pandemia, los estados tendrán que adecuar sus economías a las necesidades locales y globales.

Todos los indicios sugerían una caída abrupta de la globalización. Y la llegada de la pandemia concretó esos presagios.

Por eso, muchos se preguntan si el mundo entró en un proceso de desglobalización. El jefe de Marsh & McLennan Group en Turquía, Tayfun Bayazit, reconoció el sentimiento contra la globalización desde hace mucho tiempo. Para él resulta claro que los mayores niveles de comercio y viajes entre países no ayudaban a producir riqueza para todos. Por el contrario, muchos consideran a la globalización la principal fuerza de inequidad mundial. Sin embargo, el experto considera que está lejos un mundo sin globalización. “Estamos en una época en la que un entendimiento global de cooperación va a ser más necesario, no solo para los asuntos de la pandemia sino para muchos otros”, explicó durante un evento virtual de la Universidad de Columbia.

El cambio climático, la salud y la lucha contra las desigualdades marcarán ese nuevo sentido de cooperación que el planeta va a necesitar para continuar adelante.

Aun así, las amenazas son evidentes. El simple hecho de que en la nueva normalidad las personas tengan más dificultades y problemas para viajar entre países evidencia que no es un tema menor.

La Organización Mundial del Turismo (OMT) prevé para 2020 una caída en el número de viajeros de hasta 80%. En 2021, la actividad podría recuperarse algo, pero muy por debajo de los niveles de viajes de la prepandemia.

En un artículo publicado en Harvard Business Review, el profesor del departamento de Administración y Organizaciones de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, Steven A. Altman, explicó que las predicciones sobre la globalización son muy preocupantes. “Las proyecciones actuales, inevitablemente más duras en la actual etapa, apuntan a una caída entre 13% y 32% en el comercio de mercancías, una reducción entre 30% y 40% en la inversión extranjera directa y una entre 44% y 80% en el número de pasajeros aéreos internacionales en 2020. Estos números implican un mayor retroceso de las recientes ganancias de la globalización, pero no señalan un colapso fundamental en la integración de los mercados internacionales”, dijo el experto.

Según él, la globalización va a tomar tracción nuevamente y poco a poco, a partir de 2021, por distintas razones. Entre estas menciona la correlación entre crecimiento económico y flujos de comercio y el hecho cierto de que la preocupación sobre las cadenas de abastecimiento está hoy en el primer lugar de la agenda internacional.

Además, como advierte Bayazit, el mundo tendrá que resolver nuevamente qué hacer frente a los grandes problemas. En la búsqueda de esas salidas, la necesidad de un espíritu globalizador es fundamental para que las soluciones, por ejemplo, de una vacuna contra el coronavirus no profundicen las diferencias y las inequidades.

El mundo enfrenta un desafío sin antecedentes. Los mecanismos de defensa abren las puertas para una marcha atrás en el proceso de globalización, pero es claro que la necesidad de mantener los lazos va a construir una era de neoglobalización, en un proceso que al parecer no tiene marcha atrás.

 

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