La fuga del famoso narcotraficante mexicano Joaquín Archivaldo Guzmán Loera -alias “El Chapo”- el pasado 11 de julio, puso en evidencia a las autoridades encargadas de la seguridad y, para muchos, es una prueba evidente de los vínculos del narco con algunas instituciones. Es difícil creer que la huida del penal de máxima seguridad del Altiplano haya ocurrido sin el apoyo, o el silencio cómplice, de la estructura carcelaria y de la policía.

La fuga de “El Chapo” es una prueba de que los cárteles mexicanos son una verdadera mafia, con estructuras y jerarquías, son organizaciones complejas. Y es que no puede haber mafia sin vínculos directos con la política, los empresarios, y con el poder judicial. Sus lazos van más allá del simple soborno y la corrupción de unos cuantos que se hicieron de “la vista gorda”.

Unos días después de la evasión, la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) reveló un vídeo en el momento de la fuga y se inició un show al que entraron prácticamente todos los medios de comunicación, -el “Chapotour” le llamaron-. El vídeo mostraba algunas situaciones extrañas, que llaman la atención a primera vista, pero no la de los vigilantes. El Comisionado Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido García, trató de explicar las imágenes y abrió las puertas del túnel para que los periodistas, fotografiaran, videograbaran y recorrieran todo lo que quisieran.

La atención se centró en lo bien hecho de la obra, en las motos adaptadas, la compleja electrificación, las trampas y el aire acondicionado. Poco se habló de quién facilitó los planos de la cárcel de la supuesta máxima seguridad. En meses, les construyeron un complejo túnel de casi kilómetro y medio en las narices y nadie se dio cuenta. Les hicieron un túnel bajo la regadera de una celda -según- vigilada las 24 horas, y nadie vio ni oyó nada. Tan profesionales y precisos resultaron los “delincuentes”, y tan torpes y descaradas las autoridades.

Por su perfil clínico criminológico, “El Chapo” Guzmán estaba en una zona de tratamientos especiales, bajo severas medidas de seguridad, que no impidieron irse por un túnel que desembocaba directamente en su baño. Más que un túnel, la fuga de este delincuente, requirió de una montaña, pero de dólares.

El riguroso seguimiento de todo lo que hacen los internos en esa zona, incluye evitar el contacto con otros internos y con personal administrativo, la celda contaba con una cámara de videovigilancia que funcionaba las 24 horas y además el prisionero portaba un brazalete que permitía su localización, sólo dentro de dicha área, porque no contaba con GPS.

Las autoridades detallaron que tras la fuga, más de 2700 efectivos fueron movilizados, 700 de la Policía Federal, 560 del Ejército y mil 450 de la Policía Estatal. A estos se sumaron efectivos de la Armada provenientes de dos bases en el Estado de México. Gradualmente el operativo se extendió a carreteras, puertos y aeropuertos.

Sigue sin esclarecerse por qué las autoridades tardaron casi 20 minutos en activar el “código rojo” tras la huida del famoso capo. Tampoco el por qué no llamó la atención el evidente comportamiento nervioso del reo y el objeto brillante que aparece en el vídeo, que bien pudiera ser una tableta o algún dispositivo prohibido. Y el colmo, la foto oficial que dio a conocer la PGR mostraba a un Chapo rapado y sin bigote, mientras que en el vídeo de la fuga se le veía con el pelo crecido y su característico bigote.

La PGR consignó ante un juez a siete servidores públicos presuntamente involucrados en la fuga, otros quince quedaron libres bajo reservas de ley, pero deberán acudir a declarar ante el Ministerio Público cada vez que sean requeridos. De los siete consignados, a 3 ya se les dictó auto de formal prisión.

Según la prestigiada encuestadora Mitofsky, el 88.9 % de los internautas mexicanos opina que la fuga de “El Chapo” de la cárcel fue por corrupción de autoridades. El resto considera que la fuga se debió a la habilidad del equipo de Guzmán Loera. Como sea, la historia que nos cuentan sobre la fuga, es simplemente increíble.

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