Anduril. Su creador insiste en que no es el primer paso para una guerra autónoma, donde las naves y los robots luchan entre sí sin un consentimiento humano.

Por Camilla Hodgson

El interceptor es una pequeña caja negra con cuatro hélices que detecta drones y choca contra ellos desde abajo, a gran velocidad, con el objetivo de hacerlos volar por los aires.

El interceptor “hard kill” puede usarse junto con un sistema de sensores y cámaras para detectar y atacar drones para proteger a los soldados o instalaciones críticas.

Pero su creador, la startup de defensa Anduril, insiste en que no es el primer paso para una guerra autónoma, donde los drones y los robots luchan entre sí sin un consentimiento humano explícito.

“No puedo imaginar un escenario en el que los humanos se mantengan al margen”, dijo Matt Grimm, uno de los cofundadores de Anduril y su director de operaciones, y agregó que no “aceptó la premisa de que el fin natural es el conflicto de robots autónomos”.

Al describir las armas autónomas como poco atractivas por razones lógicas, financieras y éticas, dijo que ninguno de los clientes de Anduril ha pedido a la compañía que desarrolle ese tipo de herramientas.

Sin embargo, Anduril, de 18 meses de antigüedad, generó preocupación como una startup de tecnología que está dispuesta a buscar los contratos gubernamentales y militares que el resto de Silicon Valley es demasiado melindroso para manejar.

La compañía la fundó Palmer Luckey en 2017, en ese entonces de 24 años de edad, quien ganó cientos de millones de dólares vendiendo su compañía de realidad virtual Oculus a Facebook, pero luego afirmó que lo despidieron por donar a un grupo de campaña de Donald Trump.

“Todo lo que estamos haciendo está en coordinación con el gobierno de EU”, dijo Brian Schimpf, cofundador y director ejecutivo. El trabajo de Anduril es “una extensión de la política del Departamento de Defensa”, agregó.

“La mayor parte del trabajo que hemos hecho ha sido muy defensivo”, agregó. Las armas “no son algo en lo que estemos entrando con prisa”.

Antes de Anduril, Schimpf pasó casi una década en Palantir, la hermética compañía de análisis de datos, con puestos incluso como director de ingeniería. Es uno de varios ejecutivos de Anduril que pasó un tiempo en Palantir, una compañía que de manera similar se le criticó por trabajar con el gobierno de EU en proyectos que, según algunos, amenazan la privacidad de las personas.

Ambas compañías tienen el respaldo de Peter Thiel, el multimillonario cofundador de PayPal, quien fue el partidario de más alto perfil de Silicon Valley de Trump antes de las elecciones de 2016.

Solo un pequeño grupo de proyectos en los que ha trabajado Anduril son conocidos públicamente. La compañía se negó a revelar cuántos contratos tiene en total, pero dijo que alrededor de la mitad se han hecho públicos.

Es más conocido por su sistema de vigilancia Lattice, que utiliza cámaras y otros sensores para rastrear e interpretar el movimiento, y que se implementó en las Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) a lo largo de la frontera de EU con México. Este año, los marines estadunidenses y la Marina Real de Reino Unido firmaron contratos para el sistema, y ​​CBP firmó tres contratos adicionales para Lattice, con un cuarto pendiente.

Anduril también trabaja con el Pentágono en el Proyecto Maven, una iniciativa para desarrollar herramientas de inteligencia artificial para los militares. Google decidió no seguir trabajando en el proyecto el año pasado, luego de una reacción negativa de los empleados que provocó la renuncia de docenas de trabajadores por razones éticas.

Los drones interceptor de Anduril ya se vendieron a varios clientes, entre ellos el Departamento de Defensa de EU, y pronto se van a desplegar en el extranjero. Varios países han estado buscando formas de hacer frente a los drones, y el gobierno de Reino Unido, dijo el lunes que “la industria para contraatacar drones que va a suministrar este equipo es pequeña pero evoluciona rápidamente”.

Las compañías tradicionales de defensa todavía no ofrecen una solución única, agregó. “Muchos de los sistemas que ingresan al mercado son prohibitivamente caros, y ningún sistema es adecuado para todas las situaciones”, dijo en su nueva estrategia para contraatacar drones.

Evaluación

El Departamento de Defensa dijo que se eligió Anduril de entre cuatro compañías potenciales para desarrollar el sistema interceptor, que aún está en etapa de evaluación.

Rebecca Crootof, profesora adjunta de derecho de la Universidad de Richmond, dijo que los legisladores internacionales deberían tener una “conversación matizada” sobre la regulación de los sistemas militares autónomos, que debería ir más allá de la simple prohibición.

Septiembre-octubre 2019