La cancelación de eventos, el cierre de instituciones y la suspensión de prácticas comunitarias han sido algunas de las afectaciones en la cultura por el nuevo coronavirus.

Junto a los sistemas sanitarios, la economía y sectores de la población, los impactos de la pandemia del nuevo coronavirus también se han hecho sentir en el acceso a la cultura universal.

La cancelación de eventos, el cierre de instituciones, la suspensión de prácticas comunitarias, así como el aumento del riesgo de saqueo de sitios culturales y de caza furtiva en sitios naturales, han sido algunas de las huellas que va dejando a su paso la Covid-19 en este sector.

Para frenar la propagación del nuevo coronavirus, más de 125 Gobiernos establecieron confinamientos o restricciones de movilidad en escalas sin precedentes. A estas medidas restrictivas, se le sumó el cierre de todas las instituciones culturales, situación que afectó particularmente a los artistas y sus formas de trabajo.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), situaciones como los conciertos cancelados, los festivales pospuestos, los lanzamientos de álbumes retrasados, la producción de películas suspendidas y los cines cerrados, han teniendo un fuerte impacto en los medios de subsistencia de los artistas, muchos de los cuales son trabajadores independientes o en pequeñas y medianas empresas.

“El sector cultural corre el riesgo de ser uno de los primeros afectados por la crisis de la Covid-19 y no necesariamente uno de los prioritarios a la hora de tomar medidas de respuesta urgente. A largo plazo, esto podría confluir en que muchos artistas pierdan sus trabajos”, advierte la Unesco.

El Consejo de las Artes de Irlanda anunció que nueve de cada diez artistas encuestados han sido afectados por la pandemia y que casi la mitad ha solicitado asistencia financiera del Gobierno. Mientras tanto, en Etiopía, una encuesta de la Asociación de Música mostró que alrededor del 90 por ciento de los músicos están trabajando en forma privada y no tienen salario.

La Unesco advierte que los artistas serán esenciales para “reconstruir mejor” después de esta crisis. Asimismo, asegura que durante la pandemia se ha evidenciado un gran aumento en el acceso a los contenidos culturales en línea, que pasan por visitas virtuales a museos y galerías, streaming de películas e incluso coros comunitarios a través de redes sociales.

Museos en pausa

Estudios recientes del Consejo Internacional de Museos (ICOM) revelan que el 95 por ciento de los cerca de 60.000 museos existentes en el mundo permanecen cerrados como consecuencia de la pandemia de la Covid-19.

Otros datos de la Red de Organizaciones de Museos Europeos muestran que la mayoría de los casi mil museos en 48 países encuestados esperan reabrir en junio, pero que sus operaciones serán bastante diferentes. Mientras, tres de cada cinco museos han suspendido los contratos con trabajadores autónomos.

De igual forma, la pandemia del nuevo coronavirus implica riesgos de seguridad inmediatos para las colecciones, “ya que se han reducido al mínimo los efectivos de personal presente en los museos”.

Además, se han reportado pérdidas de ingresos de entre el 75 y 80 por ciento, con pérdidas semanales que supera cientos de miles de euros. Otros museos pequeños de gestión privada, “que dependen casi exclusivamente de la venta de entradas para su financiación, corren el riesgo de perder la totalidad de su presupuesto durante el período de cierre”.

Sin embargo, ante este escenario, la Unesco explica que “muchos museos alrededor del mundo han sabido adaptarse mediante soluciones en línea como recorridos virtuales o interactuando con el público a través de las redes sociales”.

El Louvre, el museo con 9,3 millones de visitantes anuales, ha multiplicado por cuatro las conexiones a su página web, llegando a una media de 400.000 visitas al día. Del mismo modo, centenares de personas han recreado obras de arte famosas empleando objetos de uso cotidiano.

Patrimonio inmaterial

Las medidas de restricción de movilidad han reducido considerablemente el acceso de las poblaciones al patrimonio cultural. Según la Unesco, “las repercusiones de estas restricciones también son importantes en el caso del patrimonio cultural inmaterial, con festivales y eventos culturales cancelados o postpuestos”.

Una encuesta realizada por la Unesco para conocer el impacto de la Covid-19 sobre el patrimonio vivo arrojó datos desalentadores. En Japón, el festival de Gion de Kioto, que se celebra desde el siglo IX en el mes de julio, será cancelado este año. En Zambia, la ceremonia de Kuomboka, que se desarrolla normalmente a finales de marzo o principios de abril cuando los ríos están caudalosos, no se celebró. Mientras, la producción de arte en cerámica en Botsuana todavía se sigue produciendo, pero la pandemia ha interrumpido los mercados donde se vendía.

“La cancelación de estos eventos no solo afecta social y culturalmente las vidas de las comunidades, sino que puede resultar en la pérdida de ingresos para muchos portadores y practicantes del patrimonio vivo”, explica la organización internacional.

Al mismo tiempo, se ha demostrado que en tiempos de crisis, la transmisión de los saberes tradicionales a las generaciones jóvenes, “contribuye al bienestar psicológico a corto plazo, al igual que beneficia la recuperación de las comunidades a largo plazo”.

En este sentido, varios son los países que trabajan por mantener vivo el patrimonio. El Gobierno de Palau está promoviendo los emprendimientos locales en plantación de árboles y en el desarrollo de la práctica de la pesca de conservación, apoyándose en los conocimientos de los mayores de la comunidad.

En Dominica, los Poderes Públicos están incentivando el cultivo en huertas tradicionales para atajar la inseguridad alimentaria y mantener las tradiciones de cultivo y gastronomía locales.

En Colombia, Costa Rica y Jamaica ha resurgido el interés por las recetas tradicionales y el uso de ingredientes locales. Mientras que en el Líbano se constata una tendencia a la vuelta a la agricultura biológica tradicional, principalmente entre la gente joven.

 

Mayo-junio 2020