Hay quien dice que se nace para ser empresario. Otros, más acertados, dicen que el empresario se hace.

Lo cierto es que detrás de un empresario exitoso siempre hay talento, determinación y trabajo duro. Es un proceso que empieza casi siempre desde la niñez, en el que son indispensables estos valores universales:

Ética

Es un conjunto de normas morales que rigen la conducta de las personas y las empresas. La propia sociedad es la que se encarga de transmitirlas de generación en generación. La ética está relacionada con la honradez, la justicia, la rectitud, la objeción de conciencia y la decencia. Lo contrario a la ética es la corrupción, la inmoralidad y la maldad.

Hay grandes y rentables negocios que  no son éticos, y aunque las leyes los ignoren o no los persigan, recuerda que en donde falta la ética tarde o temprano entran los problemas.

Puntualidad

Representa el respeto y consideración hacia uno mismo y hacia los demás. Está relacionada con el orden, la eficacia, el carácter, la buena educación y el respeto al prójimo. Se requiere esfuerzo, voluntad y sacrificio para empezar y terminar a tiempo las tareas y obligaciones.

El tiempo es oro para uno mismo y para los demás. Nadie tiene derecho a robar impunemente el tiempo ajeno. La puntualidad es una forma de hacer a los demás la vida más agradable. Primero es costumbre, después hábito y más tarde, virtud. La falta de puntualidad refleja desconsideración, desprecio, informalidad y abuso.

Perseverancia

Significa mantenerse firme y constante en la persecución de objetivos. Puede empezar con la firme decisión de hacer algo, aunque no se tenga ganas de hacerlo ni placer en obtenerlo, pero hay que continuar hasta el final. La perseverancia está relacionada con la constancia, la paciencia, la voluntad, la disciplina, el orden, la resistencia, la insistencia, la entereza y la tenacidad. Lo contrario es abandono, flaqueza e inestabilidad

Disciplina

Es hacer las cosas siempre de acuerdo con el orden establecido por la jerarquía, la cortesía o el reconocimiento. La disciplina es un medio, no un fin en sí misma, para conseguir más fácilmente los objetivos propuestos, dominar el carácter y tener una mejor calidad de vida. Está relacionada con el orden, el control, el rigor y el autodominio. Es uno de los principales cimientos en los que se asientan muchos otros valores. Lo contrario es el desorden.

La disciplina implica saber escuchar para no caer en la arbitrariedad del deseo inmediato, sin cuestionarse las dificultades y problemas que se presentarán si no se hacen las cosas de acuerdo con las normas establecidas. Hay que saber qué no es negociable, así como tener flexibilidad y sentido del deber.

Orden

Consiste en observar un conjunto de normas mínimas, lógicas, necesarias y jerarquizadas para lograr los objetivos de la empresa. Está relacionado con el control de los actos internos y externos del negocio, debiendo existir en todos los niveles para evitar que las cosas se vayan de las manos. Lo contrario es negligencia, descuido, anarquía, comodidad y pereza

El orden también se relaciona con la obediencia y la sobriedad, pues implica hacer o tener las cosas en el lugar o tiempo que les corresponde. Para que haya orden, las instrucciones tienen que ser claras, concretas y concisas, para que todos sepan lo que tienen que hacer y no hacer.

Hay que tener una estructura mental ordenada, pero irla acomodando en función de los resultados que se obtengan, distinguir lo que es importante y lo que es urgente, para ordenarlo por prioridades.

Tiempo

Es importante buscar un equilibrio entre el tiempo dedicado al negocio, a la familia, al esparcimiento y a la formación profesional y social. La buena administración del tiempo permite mantenerse en perfectas condiciones físicas y mentales para realizar con plenitud las tareas necesarias que requiere el negocio. Lo contrario lleva al desorden, al descontrol y al egoísmo.

Familia

El principal objetivo de un negocio es la obtención de beneficios, pero no puede ser un motivo de destrucción o explotación de la familia del empresario ni de las familias de los colaboradores. La empresa no puede convertirse en una máquina trituradora de las relaciones familiares, las amistades y la salud de nadie. El empresario y los colaboradores que tienen detrás una familia feliz rinden mucho más.

Objeción de conciencia

Es el derecho irrenunciable que tienen todos los empresarios a no realizar negocios que vayan contra la ética, la moral, las leyes o las buenas costumbres. Lo contrario es aprobación o consentimiento.

Liderazgo

Con su ejemplo, un empresario persuade a los accionistas, empleados, clientes, proveedores y a la sociedad hacia la consecución de los objetivos de la empresa. Lo contrario es subordinación, sumisión o dependencia.

Responsabilidad

Hay que asumir la responsabilidad en las duras y en las maduras, principalmente en las acciones realizadas voluntariamente, aunque hayan salido mal. Lo contrario es inmadurez, imprudencia o insensatez.

Hay muchas escuelas, libros y profesionales que enseñan las mejores formas de iniciar los negocios, mantenerlos y hacerlos crecer. Pero hay pocos sitios en donde se enseñan los valores universales que deben conocer y practicar los empresarios que quieran triunfar.

Ser empresario es una noble vocación que crea riqueza a la sociedad. El beneficio tiene que estar acorde al riesgo asumido, la inversión realizada y la retribución esperada. La manera de obtener el beneficio es lo que hay que analizar en función de estos valores universales inscritos en la conciencia, los cuales definen a un buen empresario y deben ser analizados en profundidad, uno por uno.

Los valores, primero tienen que convertirse en costumbres y después en hábitos. Hay que tenerlos impregnados en la filosofía de la empresa y la cultura corporativa para transmitirlos, tanto con el ejemplo como de manera expresa, a todos los colaboradores, clientes y proveedores.

Es muy difícil remontar un problema empresarial en el que haya salido a relucir la falta de valores éticos de una empresa. La forma de hacer negocios ha cambiado mucho, pero lo que no ha cambiado, desde los tiempos de los fenicios, son los valores morales aplicados a los empresarios. Estos se han mantenido y afianzando a través de los tiempos.

Es muy difícil sacar un negocio adelante si no se ponen en práctica estos valores universales, pues ayudan a estar preparados para cuando llegue “la tormenta perfecta”, que es cuando se presentan varios problemas serios a la vez.

 

Septiembre-octubre 2020